Por ella: Laura Alejandra

by Andrea
(Cochabamba, Bolivia)


...nunca creì que resultaria difícil formar una familia propia, uno siempre dà las cosas por sentado, y supone que todo saldrà tal como lo planea…

A veces no es cierto, a veces todo cambia en un segundo, a veces la vida que uno se encuentra viviendo parece ser la de alguien màs.
Cuando me enterè que iba a tener a mi primer hijo, la mezcla de sentimientos me abrumaba, pero algo sì tenia claro: estaba muy felìz, Y sabìa que era una niña. Desde ese instante. Aùn recuerdo la fecha, era un dia de mediados de mayo, no me sentia muy bien y decidì averiguar el porquè. Yà sabia el nombre de mi futura hija: Alejandra.

Todo estaba saliendo bien, me encantaba usar ropa de maternidad, a pesar de no tener una gran panza… Soñaba todas las noches con la criatura que gestaba, imaginaba su mirada, su risa, su carácter, sentìa que crecìa fuerte y cuando comenzò a moverse… Nada iguala a la sensación de sentir a un hijo crecer y fortalecerse cada dia, esperando el dia de conocerlo al fin… Poco después del sexto mes empecè a tener las manos hinchadas, nada de què asustarse, la obstetra me decia que todo iba bien y nada anunciaba realmente la catàstrofe que viviriamos luego. Una noche de sabado no pude dormir, la cabeza iba a estallarme, apurè a mi esposo a una clinica cercana, por si acaso, creia que mi presion sanguínea habia subido y tratando de calmarme necesitaba una enfermera que me dijera que era alguna otra cosa. No fue asi, me confirmaron lo que temia, estaba desarrollando una enfermedad del embarazo llamada toxemia o preeclampsia, y era demasiado pronto para pensar en terminar la gestaciòn, que es la causa de la enfermedad, Desde ese dia me vì sumida en un remolino de hospitalizaciones, controles de laboratorio, visitas diarias a la obstetra y orar esperando lo mejor, no daba crèdito a lo que me estaba pasando, sentia que mi cuerpo me estaba traicionando, y no recordaba la ùltima vez que me habia sentido bien… Un dia de Noviembre detectaron que Alejandra no estaba bien, habia perdido peso, casi no se movia, mi pequeña hija estaba sufriendo dentro de mi… Programaron una cesàrea de urgencia y luego de una angustiante hora vino al mundo un 24 de Noviembre a las 8 de la noche aproximadamente, apenas pude verla cuando se la llevaron ràpido a estabilizarla, recuerdo su pelito oscuro y pensaba que era la cabecita màs pequeña que habia visto nunca… Luego de una noche plasmada de dolor y llanto, pude verla… Pequeñita, sonrosada, indefensa, toda envuelta en algodón y luchando con todos los tubos que tenia, llena de fuerza y voluntad, estaba boca abajo creo, y no podia tocarla, mi corazòn se rompìò en mil pedazos, nada me preparaba para algo asi, “Te amo, hijita pequeña”-alcancè a susurrarle-”deja ya de llorar, tus ojitos de luz el llanto no ha de nublar…” la canciòn de cuna que siempre le cantaba cuando estaba en mi vientre, para que no sintiera miedo, para que supiera que la amo y que… mi vida dependia de ella… Los dias pasaron lentamente, con mejorias leves, se alimentaba como un ratoncito, y succionaba su tubo de alimentación cuando sentia que se le llenaba la barriguita, y abria sus ojitos negros, brillantes, como los de su papà… Fueron doce dias inolvidables en que la fui conociendo y percibi que nunca habia amado a alguien de ese modo… Un dia intuyendo que algo no estaba bien, porque volvian a colocarle el respirador luego de tres dias de estar respirando por si sola, le hablè, antes de que la llevaran de nuevo a la NICU, le dije “chiquitita, si quieres volver a casa, està bien, yo te amo de todos modos y yà te encontrarè”… Un dia después, sàbado 6 de Diciembre, a las 4 de la tarde debiamos visitarla como de costumbre, pero esta vez no nos permitieron pasar a la sala como siempre, alguien nos llevò a un consultorio apartado y no entendia las palabras que salian de boca de la pediatra “Su bebè muriò hace quince minutos…”. No tenia sentido, yo no podia entenderlo, no queria entenderlo como si eso de alguna manera cambiara lo que habia sucedido, como si de no aceptarlo todo seguiria siendo como era, ella esperandonos en su incubadora calientita, y dia a dia la veriamos crecer hasta llevarla a casa, como debia ser… Pero las cosas eran de otra forma y yà no habia còmo volver atràs… Entrè a la sala donde estaba recostada en su cuna, estaban envolviendola y sacando de su cuerpito todas las agujas y los tubos que la ataban a la Vida, tan pequeñita, tan hermosa, tan valiente… Hubiera dado cualquier cosa por haberla tenido en brazos cuando se iba, confortarla y decirle que no debia tener miedo... no pude hacerlo… Pasamos momentos hermosos cuidando, bañando y vistiendo a esa bella criatura con la que habia soñado toda mi vida. Nunca hice algo tan difícil en mi vida como dejar que la sepultaran, nunca deseè tan fuertemente morir como esa mañana…

Hoy, luego de casi tres años, puedo decir que el dolor sigue siendo igual, al igual que el amor que siento por ella, pero la sensación de derrota y desesperación han cedido a la esperanza.
Esperanza de volverla a encontrar y tomarla en brazos, besarla y preguntarle si me recuerda …

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